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Arqueología de la isla de Ometepe, Nicaragua

 

La importancia que los indígenas dieron a la isla de Ometepe quedó registrada con la abundante presencia de tumbas, ídolos y tesoros encontrados en ella. Durante muchos años los isleños han desenterrado y malvendido la cerámica y los petroglifos que dejaron sus antepasados sin que hasta ahora se sepa cuánto ha salido y cuánto queda todavía en la isla. llegaba gente de todos lados del país y extranjeros a comprar “antiguas” que todavía brotan entre las piedras como el plátano. En los años setenta, cuando aún no era prohibido el tráfico y comercio de piezas, los buscadores iban de Rivas, Granada, Masaya, Managua y Costa Rica. Muchos ticos alquilaban pedazos de tierra a los lugareños para hacer excavaciones. Cráneos y huesos sueltos eran los primeros indicios de que algo valioso había sepultado.

 

  1. Ceramica Ometepina
  2. Morada de los dioses
  3. Petroglifos de Ometepe

 

Ceramica Ometepina

Un atractivo turístico en Ometepe es la cerámica abundante en el sector y caracterizada por:

  1. Perfección de forma.
  2. Múltiple variedad tipológica.
  3. Artística ornamentación.

La cerámica de Ometepe por sus características únicas se divide en dos: Cerámica Luna y Cerámica Negra, siendo la primera la que ha hecho famosa tanto a Ometepe como a la propia Nicaragua y la que por su forma ha atraído a muchos turistas al país.

 

Cerámica Luna

La Cerámica Luna se caracteriza por su alfarería y por tener algunas similitudes en su estructura con formas de animales y otras con figuras geométricas con la Civilización Maya y por su fina granulación de color blanco marfil o ligeramente  amarillento  y color rojo café (sombreado).
Una colección de esta cerámica fue entregada a la institución Smithsonian con el propósito de dar a conocer el arte de Ometepe en otros países. De esta forma la Cerámica Luna de Ometepe se ha hecho famosa en países extranjeros.
Esta cerámica se ha convertido en la cerámica de Nicaragua, reconocida en muchos  países.


Cerámica Negra

Se caracteriza Por su color negro profundo y bien pulido. En su labrado se puede apreciar la perfección de mano de obra, ya que es elaborado con mucho cuidado y por estar tolerablemente bien cocida.
En su mayoría este tipo de cerámica esta constituida por objetos de tamaño pequeño, generalmente son utensilios de cocina.

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Morada de los dioses

La isla de Ometepe es la más grande del mundo situada dentro de un lago de agua dulce, el Cocibolca, en pleno centro de Nicaragua. Su extensión es de 276 Km2, con unos 35.000 habitantes, descendientes de Toltecas, Mayas, Aztecas, Nahuales, Olmecas, Chibchas, Tiwanacos, y además pueblos indígenas que poblaron la isla hasta que, el 21 de enero de 1522, el explorador español Gil González Dávila la descubriera, tomando posesión de la misma.

Para poder investigar ese Mar Dulce, denominado así por el colosal tamaño del lago, y la isla de Ometepe, Francisco Hernández hizo traer un bergantín a hombros de esclavos indios desde del Océano Pacífico hasta el lago Cocibolca, atravesado la espesa selva.
Al llegar a la isla los colonizadores españoles, los indios que la habitaban se vieron obligados a refugiarse en las cumbres de dos volcanes, el Concepción y el Madera, que flanquean Ometepe.
En su huida, dejaron atrás aquellos petroglifos que sus antepasados habían grabado inspirándose en unos enigmáticos dioses. Y si los nativos escaparon hacia la cima de aquellos volcanes, tal vez no fue sólo por razones estratégicas, sino porque el Concepción y el Madera habían sido considerados durante generaciones el hogar de los dioses.
Desde tiempos remotos, el Maderas fue un enclave sagrado conocido como Coatlán, lugar del Sol o lugar donde vive el Sol, mientras que el Concepción era denominado Choncoteciguatepe, hermano de la Luna.
En las faldas de ambos volcanes se realizaron todo tipo de rituales mágicos. En bosques junto a los ríos Tichaná y Buen Suceso, y en otros enclaves mágicos, los aborígenes de Ometepe practicaban una religión politeísta.

 

Sus calendarios, ingeniosamente grabados en algunos petroglifos, constaban de 18 meses de 20 días, sumando años de 360 días. Según su creencia, cada 52 años (período que coincide con ciclos sagrados de otros pueblos como los dogon) se producía una crisis cósmica, por lo que acostumbraban a almacenar alimentos y agua a la espera de esos altercados cósmicos con los que estaban vinculados los eclipses, que conocían bien. Y lo cierto es que las continuas invasiones de distintas tribus indias que padecieron los isleños fueron relacionadas por éstos con esa clase de catástrofes cósmicas.
Los aborígenes de Ometepe ya incluían el concepto del alma en sus creencias, así como la vida en el más allá e incluso una forma de reencarnación. Su rico panteón estaba repleto de dioses: Xochipillo, diosa de la alegría; Catligüe, diosa de la fertilidad; Mixcota, dios del comercio; Ecatl, dios del aire; Migtanteot, dios de la muerte; Tlaloc, dios de la tierra, etcétera; deidades que solían representar como ídolos de piedra o cerámica, a los que siempre colocaban las fauces de un jaguar, animal sagrado amo de la Tierra.

Los dioses, según la tradición, se alimentaban de sangre humana, y vivían en las regiones donde sale el Sol.

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Petroglifos de Ometepe

Se realizo un estudio en la isla de Ometepe hace unos años (2002) y se encontraron 1 mil 700 petroglifos con diferentes representaciones relacionadas con ritos y creencias religiosas.
Según el arquitecto y museógrafo Freddy Solís, algunos de los petroglifos fueron elaborados por los Nicaraos, grupo indígena que venía de México, Tolula, y otros por indígenas provenientes de las migraciones del sur de América.

Las primeras figuras encontradas tienen formas similares a los animales y figuras humanas. Cabe destacar que las representaciones de imágenes cruciformes, que también eran una opción, son repetitivas. Los indígenas elaboraban los petroglifos a través de golpes o raspaduras hasta darle forma a sus obras.

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